¿Quiénes fueron Westcott-Hort, Brooke Foss Westcott y Fenton John Anthony Hort, los inventores del Nuevo Testamento Griego que utilizan las Sociedades Bíblicas Unidas?

LAS RAÍCES DE LA
TERGIVERSACIÓN (II):

“El triunfo de la conspiración ocultista1”

“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4, 4)

Como hemos podido ver en el capítulo anterior, los criterios seguidos por Westcott y Hort podían ser erróneos y, ciertamente, su fruto resulta lamentable. Sin embargo, el resultado no fue casual. Como tendremos ocasión de ver su labor arrancó de unas posturas teológicas claramente establecidas cuya victoria se deseaba imponer por cualquier medio.

I. Wescott y Hort defendían una teología antibíblica.

La teología de Westcott y Hort encajaba a la perfección en el molde de lo que podríamos denominar teología liberal. En armonía con ella, ambos autores negaban la inspiración e inerrancia2 de las Escrituras y asimismo las doctrinas más importantes de la Escritura como la de la divinidad de Cristo o la de su sacrificio expiatorio.

a) Negaron la inspiración de la Escritura:

Las referencias de Westcott y Hort en contra de la creencia en la inerrancia e inspiración de la Biblia no resultan escasas en sus escritos. En 1851, Hort señalaba cuál era a su juicio la “herejía ortodoxa común: la inspiración”3. Siete años después indicaba como lo que le separaba fundamentalmente de los evangélicos era la creencia de éstos en la autoridad de la Biblia:

“Los evangélicos me parecen pervertidos… Me temo que las diferencias más serias que existen entre nosotros (giran) sobre el tema de la autoridad, especialmente la autoridad de la Biblia”4. Este punto de vista quedó reflejado en sus obras de exégesis bíblica al negar, por ejemplo, que las palabras de los profetas estuvieran inspiradas (“ellos (los profetas) eran Sus mensajeros, inspirados por Su Espíritu, no en sus palabras sino sólo como hombres…”)5

O al insistir en que si era importante creer en Cristo no lo era el creer algo concreto sobre Él (“‘la fe es ‘en Cristo’ y no en ninguna afirmación acerca de Cristo”6).

En 1860, Westcott y Hort reconocían en su correspondencia que no aceptaban la infalibilidad de las Escrituras. Si el primero afirmaba:

“rechazo la palabra infalibilidad de las Santas Escrituras de manera contundente”7, el segundo le respondía en una carta “Me alegro de que adoptes la misma base provisional sobre la infalibilidad que yo adopto”8.

Por supuesto, tal postura era concebida como algo que debía extenderse al resto de las personas. En 1862, Hort señalaba la necesidad de que “el clero inglés no sea obligado a mantener la absoluta infalibilidad de la Biblia”9.

b) Negaron la divinidad de Cristo:

Westcott y Hort procuraron -ya veremos más adelante porqué- limitar en la medida de lo posible sus afirmaciones heréticas a su correspondencia privada y no dejar que se trasparentaran en sus obras más conocidas. Pese a todo, no faltan las referencias heterodoxas en las mismas. Comentando sobre Juan 1,1, Westcott señala que:

“la preexistencia del Verbo no es afirmada de manera clara”10 y añade “Porque el Verbo era personalmente distinto de Dios y sólo esencialmente Dios. Podía darle a conocer”11.

De esa manera minimizaba la clara afirmación de Deidad que sobre el Hijo formula el evangelista Juan.

Una conducta similar encontramos en su principal compañero. Al referirse al texto de I Pedro 1, 3 donde Jesús es denominado “Señor” Hort señala:

“En todo este uso primitivo kyrios probablemente no representa Adon, sino el cercano equivalente arameo Mar en ocasiones aplicado a los maestros por los discípulos”12

En otras palabras, Pedro no sólo no habría afirmado la divinidad de Cristo sino que se habría limitado a considerarlo un maestro. De la misma manera, al comentar Apocalipsis, Hort no sólo señaló que Cristo no podía ser el Alfa y la Omega (“toda la analogía bíblica está contra la atribución de kyrios ho zeós13 con o sin pantókrator14 a Cristo”15) sino que además, refiriéndose a Apocalipsis 3, 14, insistió en que, según la interpretación arriana, Cristo podía ser alguien creado (“Las palabras sin duda pueden tener el significado arriano de “primera cosa creada”16).

Para Hort no sólo la evidencia bíblica era contraria a ver a Cristo como ho zeós (Dios) sino que posiblemente había sido un ser creado. No hace falta decir que los textos sobre la divinidad de Cristo son muchos y repetidos en la Biblia17, aunque Westcott y Hort – y la VP – hicieran no poco por suprimir siquiera algunos.

En esta insistencia por torcer los textos de la Biblia que afirman claramente la divinidad de Cristo, Wescott llegó a afirmar que Él nunca había dicho que era Dios, sino que se había limitado a tratar de que los hombres vieran a Dios en Él:

“Nunca habla de sí mismo directamente como Dios (comp. v. 18), sino que la finalidad de Su revelación fue llevar a los hombres a que vieran a Dios en Él”18

c) Negaron la Resurrección corporal de Cristo:

De la misma manera que cuestionaba claramente la divinidad de Cristo, Westcott tenía sus objeciones a la creencia en la resurrección corporal del mismo. Así, comentando el texto de Juan 2, 19, donde Jesús profetizó su propia resurrección, Westcott escribió:

“la resurrección de Cristo fue el que el Templo se levantara de nuevo, la completa restauración del tabernáculo de la presencia de Dios a los hombres, perpetuado en la iglesia, que es el cuerpo de Cristo”19 En otras palabras, el pasaje era espiritualizado de tal manera que fuera suprimida la referencia a la resurrección a pesar de que como señala Juan 2, 22, los discípulos comprendieron que la profecía de Jesús se había cumplido cuando resucitó de entre los muertos.

Por si pudiera caber alguna duda de cual era su punto de vista, Westcott afirmó también que el cuerpo de Jesús se disolvió terrenalmente:

“La vida de Cristo no fue sin fin o eterna sólo. Fue esencialmente indisoluble (akatályptos). Aunque la forma de su manifestación fue cambiada y en un sentido terrenal murió, sin embargo Su vida permaneció sin cambio incluso a través de su disolución tenenal”20.

No hace falta insistir demasiado en que esta afirmación es insostenible bíblicamente siquiera por el hecho de que el cuerpo de Jesús no vio la corrupción (Hechos 2, 22-38) en cumplimiento de la profecía del Salmo 16, 8-11.

d) Negaron la doctrina de la expiación:

Al tiempo que negaban doctrinas como la de la inspiración e inerrancia de la Biblia, la divinidad de Cristo o su resurrección corporal, Westcott y Hort manifestaron una auténtica repulsión hacia la enseñanza bíblica sobre el sacrificio expiatorio de Cristo. En 1856, Hort manifestó sus criticas hacia el libro de Campbell sobre la expiación, ya que “desgraciadamente no conoce nada salvo la teología protestante”21 Un año después, el 16 de noviembre de 1849 señalaba en una carta el horror que esta doctrina le producía:

“Finalmente las misteriosas palabras de san Pablo “sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados”

HE TRABAJADO TAN A FONDO EN VANO PARA APREHENDER EN CIERTA MEDIDA LO QUE ES ESTA IDEA, QUE ESPERO QUE PROFUNDIZARAS Y AMPLIARAS LAS NOCIONES QUE YA ME HAS DADO. Soy bastante consciente de que en lo que he escrito he pronunciado sólo unas pocas objeciones a la creencia corriente, pero así tiene que ser; EL LENGUAJE NO PUEDE DEFINIR CON CUIDADO EL ARREBATO DE HORROR SOBRECOGEDOR QUE SE MEZCLA CON MIS PENSAMIENTOS CUANDO ESCUCHO QUE SE AFIRMA LA NOCIÓN POPULAR”22

El pasaje citado no deja de resultar bien revelador. No sólo Hort era incapaz de aceptar la enseñanza de Pablo sobre la expiación, sino que además la sola mención de la misma le provocaba un arrebato de horror sobrecogedor. Se trataba, sin duda, de una reacción bien distinta a la de un cristiano convencido de que ha sido redimido por la sangre preciosa de Cristo (1 Pedro 1, 19).

e) Se manifestaron favorables al catolicismo y opuestos a la teología evangélica:

Sin embargo, si la teología de Westcott y Hort era radicalmente opuesta a la bíblica, no es menos cierto que resultaba sospechosamente favorable al catolicismo. En 1848, tras despotricar contra el “fanatismo de los bibliólatras” (como definía a los que creían en la inspiración de las Escrituras) Hort señaló:

“el puro punto de vista romano me parece más cercano y más plausible a la hora de conducir a la verdad que el evangélico23 y “el protestantismo es sólo un paréntesis temporal””24

No es extraño por ello que este mismo autor pudiera señalar:

“Las doctrinas positivas de los evangélicos me parecen pervertidas además de carentes de verdad. Existen – me temo – diferencias muy serias entre nosotros sobre el tema de la autoridad, y especialmente de la autoridad de la Biblia”25

En paralelo, Westcott llegaría a escribir en 1865 que las supuestas apariciones de la Virgen en La Salette tenían que ser aceptadas como procedentes de Dios, es decir, “Dios revelándose, ahora, no de una forma, sino de muchas”26 Guiado por una devoción mariológica ciertamente sospechosa para un ministro protestante, Hort llegó a visitar algún templo dedicado a la Virgen con fines espirituales27

En ningún caso, Westcott y Hort parecen haber sido tan ingenuos para pensar que posiciones como las que hemos señalado en las páginas anteriores podían ser admitidas en el seno de una iglesia de enseñanza bíblica o podían resultar tolerables para un creyente ortodoxo. Hasta que punto Hort y Westcott eran conscientes de su heterodoxia queda de manifiesto en la confesión que en 1855 realizó este último al decir que si se le hubiera examinado sobre su posición frente a la Biblia “con toda seguridad habría sido considerado un hereje”28. Fuera como fuese, pocas dudas puede haber de que el bagaje teológico de los dos amigos no parece el más adecuado para dedicarse a revisar el texto griego del Nuevo Testamento.

II. Wescott y Hort formaban parte de una conspiración ocultista.

Sin embargo, Wescott y Hort -los elaboradores del texto griego del que derivan la mayor parte de las versiones del Nuevo Testamento que circulan actualmente- no sólo se caracterizaron por defender una teología que negaba las verdades más importantes de la fe cristiana. De tanta relevancia como tan lamentable hecho es su estrechísima relación con el cultivo de las ciencias ocultas. En 1840, Wescott ya había comenzado a manifestar un notable interés por el mormonismo29 “procurándose y estudiando el Libro de Mormón”30 Dos años después tenemos datos de que el mismo Westcott acudía a hechiceros. El mismo relata uno de esos encuentros de la siguiente manera:

“Por la tarde voy con Tom al brujo; pero no se atreve a actuar delante de nosotros”31

No resulta extraño que en 1845 Westcott, Hort y Benson fundaran un grupo de carácter ocultista y secreto al que denominaron el “Club Hermes”. El nombre no dejaba de ser significativo, ya que si bien Hermes es el dios griego al que, comúnmente, se asocia con la revelación de las prácticas ocultas, también es una de las denominaciones que recibe el propio Satanás en círculos ocultistas. A este respecto, la ocultista Elena Blavatsky, una de las fundadoras de la Sociedad Teosófica y auténtica antecesora espiritual de la Nueva Era, señaló en su libro “La Doctrina secreta”:

“Satanás o Hermes son completamente el mismo… él es denominado el Dragón de la Sabiduría… la serpiente… idéntico con el dios Hermes… inventor de la primera iniciación de los hombres en la magia… el autor de la adoración de la serpiente”32

En el círculo hermético, Westcott y Hort participaron en charlas y conferencias relacionadas en su mayor parte con aspectos espirituales del paganismo. Sin embargo, el proceso apenas había comenzado. En 1851, Westcott, Hort y Benson dieron un paso más en su carrera a favor del ocultismo y fundaron el “Gremio fantasmal” (Ghosily Guild) No deja de ser significativo que en la misma carta33 en la que Hort señalaba que el fin de este colectivo era “la investigación de los fantasmas y de todas las apariciones y efectos sobrenaturales, estando dispuesto a creer que tales cosas realmente existen” indicara que el Textus Receptus del Nuevo Testamento era “villano” y que deseaba acabar con él.
En aquel año de 1851 se produjeron además otros hechos de no poca importancia: Westcott fue ordenado ministro de la iglesia anglicana (un destino un tanto sorprendente para un ocultista de peso que defendía herejías antibiblícas) y Hort entró en otra sociedad ocultista más conocida como “los Apóstoles”. Su hijo escribiría más tarde sobre este episodio:

“En junio, se afilió a la misteriosa compañía de los Apóstoles… fue el principal responsable del juramento que liga a los miembros a una conspiración de silencio”34

Como veremos más adelante, no era el final de su carrera en el ocultismo pero sí el momento decisivo por su influencia posterior. De hecho, tanto el ascenso en la escalera de la iniciación ocultista como la posibilidad que ahora tenía Westcott de influir en el seno de la confesión religiosa más importante de Gran Bretaña tuvieron un resultado inmediato. En 1852, mientras repartía, junto con Hort, literatura del
“Gremio fantasmal”, Westcott realizaba la siguiente afirmación en relación con el Textus Receptus y la traducción de la Biblia basada en el mismo:

“Estoy sumamente ansioso por proporcionar algo que pueda reemplazarlos”.

El plan para llevar a cabo ese deseo ya estaba gestándose.

III. Wescott y Hort pretendían destruir el TR y sustituirlo por un texto alterado del Nuevo Testamento que encajara con su teología liberal y ocultista

Mientras transcurrían los siguientes meses de 1852, se fueron perfeccionando los planes dirigidos a acabar con el Textus Receptus. Durante 1853, Hort comenzó a prepararse para ser ordenado también en el seno de la iglesia anglicana y perfiló con Westcott el plan destinado a eliminar el texto del Nuevo Testamento utilizado hasta entonces:

“Fue durante estas semanas con Mr. Westcott, que había venido a verle35 a Umberslacle cuando se llegó al primer acuerdo definitivo del plan para una revisión conjunta del texto del Testamento griego”36.

No les resultó difícil encontrar un editor -Daniel Macmillan- que se manifestó dispuesto a publicarlo a condición de que el texto fuera elaborado por Westcott, Hort y Lighfoot (otro teólogo liberal). Naturalmente, tanto Westcott como Hort eran conscientes del escándalo que podría producirse de conocerse su propósito, y decidieron mantenerlo en el más absoluto secreto. Como indicó Hort:

“Llegamos a una comprensión definida y positiva acerca de nuestro Texto Griego y de sus detalles. No deseamos todavía que se hable acerca de él pero vamos a trabajar inmediatamente y esperamos haberlo concluido en poco más de un año”37

Sin embargo, las cosas no transcurrieron con la rapidez que hubieran deseado Westcott y Hort. Mientras multiplicaban en su correspondencia las referencias a doctrinas heréticas38, ambos personajes tuvieron que dedicarse a otras tareas. Así en 1857, Hort se estuvo ocupando en una traducción de las obras completas del filósofo griego Platón y en 1858 Westcott comenzó a realizar su ministerio como predicador en la iglesia anglicana, un ministerio que, según confesión propia, le desagradaba39. Pese al retraso que estaba experimentando su proyecto, los dos conspiradores no dudaron de que tendrían éxito incluso entre personas cuya teología era bíblica. La única condición para ello era actuar con la suficiente astucia y sigilo. En 1858, Hort podía escribir:

“Actualmente muchos hombres ortodoxos pero racionales están siendo modelados sin saberlo por influencias que con seguridad darán buen fruto a su debido tiempo si se permite que el proceso discurra con tranquilidad; pero temo que una crisis prematura devuelva asustados a muchos al tradicionalismo más claro”40.

Tan lamentables palabras no estaban exentas de verdad. En 1871, Westcott, Hort y Lighfoot (los tres responsables de la nueva edición del Nuevo Testamento griego que tenia que sustituir al Textus Receptus) fueron invitados a formar parte del Comité que revisaría el Nuevo Testamento en inglés. Westcott y Hort no pudieron ser más explícitos a la hora de expresar su alegría por aquella nueva oportunidad: “Westcott… cree que debemos aprovechar la oportunidad especialmente puesto que nosotros tres estamos en la lista”41. Los “tres” de la lista debieron sentirse tan satisfechos del éxito de sus planes que en 1872 dieron un paso más en relación con el ocultismo y fundaron el Club Eranus, una sociedad ocultista a la que pronto se afiliaron personalidades como Sidgwick y Balfour42. En 1881, la principal misión de su vida fue coronada por el éxito y se publicaron tanto la versión revisada inglesa del Nuevo Testamento (Revised Versión) como el Nuevo Testamento Griego. Éste último, como ya hemos tenido ocasión de ver, estaba llamado a tener una enorme influencia.

Sin embargo, ni Westcott ni Hort disfrutaron mucho tiempo de su triunfo. Su vida se extinguió de manera prematura (Hort) o se vio ligada a una confusión creciente mezclada con el alcoholismo. Westcott pasó sus últimos años dedicado a la promoción del consumo de cerveza pura, e incluso permitió que su retrato fuera utilizado en la publicidad de un fabricante de esta bebida43. Quizá no fue un final tan extraño para dos existencias que transcurrieron en medio de las influencias de la teología liberal y del ocultismo y cuyo máximo logro fue imponer un texto del Nuevo Testamento mutilado y adaptado a su teología.

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1. Como base fundamental para este capitulo hemos utilizado: F. J. A. Hort, The First Epistle of St. Peter 1:1-2:17 Minneapolis 1976 Idem The Apocalyse of St John 1-3, Minneapolis, 1976; B. F. Westcott, The Gospel Aocording To St. John, Grand Rapids, 1975; Idem, The Epistle To The Hebrews, Grand Rapids, 1974; Idem, The Epistles of St. John Grand Rapids, 1974; A Westcott, The Life and Letters of Brook Foss Westcott Londres 1903 (en adelante Westcott, Life); D. A. Waite, Heresies of Westcott and Hort
Collingswood 1979.

2. Término que indica que no se tiene errores.

3. Hort, Life, vol. 1, p 181.

4. Hort, vol. p. 400.

5. Westcott, Hebrews, p.6.

6. Westcott, John, p. 200.

7. Westcott, vol. 1, p. 207.

8. Hort, vol. 1, p. 424.

9. Hort, vol. 1, p. 454.

10. Westcott, John, p. 2.

11. Idem, p. 2. 36.

12. Hort, I Peter, p. 31.

13. En griego, el Señor Dios.

14. En griego, el Todopoderoso.

15. Hort, Revelation, p. 13.

16. Hort, Revelation, p.

17. Señálese a titulo de ejemplo Juan 20, 28; I Juan 5, 20; Romanos 9, 5; Colosenses 2, 9-10; Filipenses 2, 5-11; Tito 2, 13; 2 Pedro 1, 1, etc. Un tratamiento más amplio del tema en César Vidal Manzanares, La otra cara del Paraíso: la verdad sobre las grandes sectas, Miami, 1994 y César Vidal Manzanares, El judeo-cristianismo palestino en el s. I, Madrid, 1994.

18. Westcott, John, p. 297.

19. Westcott, John, p. 42.

20. Westcott, Hebrews, p. 185.

21. Hort, vol. I, p. 322.

22. Hort, vol. I, p. 122.

23. Life of Hort, vol. I, pp. 76-77.

24. Idem. vol. II, p. 31.

25. Hort, Life, vol. I, p. 400.

29 . Sobre esta secta recomendamos la lectura de C. Vidal Manzanares, La otra cara del Paraíso: la verdad sobre las grandes sectas, Miami, 1994.

30. Wescott, vol. I, p. 19.

31. Westcott, vol. I, p. 9.

32. H.P. Blavatsky, Secret Doctrine, vol. II, Londres, 1893, PP. 30, 381, 472, 473, 558, 660.

33. Arthur Hort, The Life and Letters of Fenton John Anthony Hort, Nueva, York, 1896, vol. I, p. 1896 En adelante Hort.

34. Hort, vol. I, pp.170-1, 198.

35. Se refiere a Hort.

36. Hort, vol. I, p. 240.

37. Hort, vol. I, p. 264.

38. Veamos sólo algunos ejemplos en 1855 Westcott reconocía que si lo hubieran examinado a fondo hubieran descubierto que era un “hereje” (Westcott vol. I, p 233); en 1856, Hort se manifestaba en contra de la doctrina bíblica de la expiación con ocasión de la publicación de un libro sobre el tema escrito por Campbell (Hort, vol. I, p. 322); en 1858, Hort definía a los evangélicos como “pervertidos” especialmente en relación con el tema de la “autoridad de la Biblia’ (Hort, vol. I, p. 400); en 1860, Hort felicitaba a Lighfoot por rechazar la creencia en la “infalibilidad” de las Escrituras (Westcott, vol. I, p. 424), en 1865 Westcott afirmaba que las apariciones de la Virgen en La Salette eran “Dios revelándose ahora” (Westcott, vol. I, p. 251), etc.

39. Westcott, vol. I p. 198.

40. Hort, vol. I, p. 400.

41. Hort, vol. II, p. 133.

42. No tenemos espacio para detenemos en las figuras de Sidgwick y Balfour. Baste decir que en 1882 se encontraron entre los fundadores de la Society for Psychical Research (Sociedad para la investigación psíquica), una organización destinada a promover fenómenos como el espiritismo, la comunicación con los muertos, la adivinación, los poderes paranormales, etc. Difícilmente, puede interpretarse este fenómeno como casualidad.

43. Westcott, vol. II, pp. 218-9, 177.