Los jesuitas, las Reducciones y el origen del Comunismo y el Socialismo

Acerca del origen del Comunismo y del Socialismo en el seno del jesuitismo, en el libro titulado “History of the Jesuits: Their Origin, Progress, Doctrines and Desingns” leemos lo siguiente:

“When once the jsuits had raised up a generation so devotes and obediente, they then brought into operation their system of government, and made a successful attempt to realise that republic preconceived of old by Plato, and which, with perhaps more interested views, is held out to us by Socialists of our own day. In fact, their form of a republic was nothing else than that Communism which the famous Cabet is now trying to establish in early the same regions; the only difference being, that the Jesuits substituted themselves for the estate or community.” [1]

Traducción:

“Cuando una vez que los jesuitas habían criado una generación tan devota y obediente, pusieron en funcionamiento su sistema de gobierno y realizaron un intento exitoso de realizar aquella república preconcebida de antaño por Platón, y que, con opiniones más interesadas, nos ofrecen los socialistas de nuestros días. De hecho, su forma de república no era otra cosa que aquel Comunismo que el famoso Cabet está tratando de establecer en las mismas primeras regiones; la única diferencia es que los jesuitas se sustituyeron por el estado o la comunidad.”

[2] Adicionalmente en el libro “Los Jesuitas en el Paraguay” de Alberto Rojas, leemos:

EL COMUNISMO JESUITICO

(En el aniversario de la muerte de Garay)

Blas Garay es una de las figuras más originales que haya aparecido en el campo de las letras y de nuestra política. Espíritu inquieto el suyo, no se conformaba con la labor silenciosa del gabinete que, al desviar a los hombres del mundo exterior, los aleja de la realidad de la vida.

Fue ante todo un ardoroso luchador. Amó el bien público y por el libró batallas memorables. Por eso su nombre figura entre los adalides que han enaltecido nuestra democracia.

Sobre este aspecto de su vida, tan lleno de bellos entusiasmos, hanse escrito ya elocuentes páginas consagratorias.

Pero sobre su obra de historiador han alternado desde la diatriba hasta la admiración más exaltada.

Garay fué el primer paraguayo que hizo una reconstrucción integral de nuestro pasado. Sobre la base del material ingente e informe de los archivos y de las obras que nos dejaron los viejos cronistas, hace una reseña completa de la vida nacional, desde el descubrimiento hasta la guerra contra la triple alianza, “”a la edad en que otros modulan ensayos”. Esto es su gran mérito. Después de él, muy pocos se han empeñado en tan difícil empresa.

En este sentido su obra significó una verdadera reacción.

La historia del Río de la Plata, ha dicho un historiador eminente, todavía no está escrita ; no tenemos sino libelos. Garay tuvo la virtud de no embanderarse en ninguna de las parcialidades que con respecto al pasado dividían a los estudiosos. Procedía como el verdadero investigador que trata de desentrañar la verdad sin estar guiado de prejuicios. Y si como coronación de sus estudios publicó algún trabajo apasionado véase en ello la expresión de su temperamento avasallador antes que la negación de sus cualidades de hombre de estudio. Refiriéndose al escrito que más puede prestarse a esta objeción, el comunismo de las Misiones, decía a un amigo: “Honradamente creo que es imparcial”.

La bibliografía nacional cuenta con obras de positivo mérito, pero en ella han prevalecido los trabajos de carácter monográfico, a los que falta la visión de conjunto, tan necesaria para la comprensión de hechos que entre sí están íntimamente concatenados.

Es verdad que su compendio de historia del Paraguay, obra en que cumple esta tarea y que no era sino el andamiaje de una más seria y dilatada que tenía en preparación, es susceptible de ciertos reparos, algunos de los cuales fueron señalados ya en los días iniciales de su aparición por un fino-crítico desde las columnas de “La. Democracia”. Pero el mismo Garay se adelanta a decir: “Puede censurarse mucho más que ha censurado, ya que por la experiencia que tengo de que después de mucho comparar y meditar, viene a lo mejor un documento a destruir todo el edificio”.

Aparte de la historia del Paraguay, nos ba dejado el insigne escritor un breve resumen de la misma, un libfo sobre las misiones jesuíticas (que sirvió de prólogo a la edición castellana de la obra de Techo) y otro sobre la revolución de la independencia.

Entre todos ellos, el que ba dado margen a mayores controversias es El Comunismo de las Misiones, hermosa obra que asombra por la erudición de su autor y la admirable factura literaria.

Estudia en ella la organización que dieron los jesuítas a sus célebres misiones, y la estudia sobre todo desde el puntode vista económico que en ella tuvo pleno desarrollo.

El más tenaz de entre todos sus críticos es el ilustre jesuíta Pablo Hernández aunque, por desgracia, es él de los que escriben la historia “con pié forzado”.

En trabajos polémicos que vieron la luz pública hace años, he hecho un estudio de la crítica del padre Hernández y señalado sus puntos débiles.

Al través de las magistrales pinceladas de Garay desfil; la vida jesuíta rígida, severa, reglamentada, como es la de todas las sociedades teocráticas. A uno de sus caracteres quiero referirme especialmente.

¿El sistema desarrollado por los jesuitas en sus reducciones fué un verdadero comunismo?

La mayor parte de los historiadores y economistas que han tratado el punto, así parecen creerlo.

“Se había establecido — dice Cadell — la comunidad de bieues como el primer principio en él país de las reducciones… cuando haciéndolos responsables a la comunidad del resultado de sus trabajos, este cuerpo tenía cuidado, mirando por su propia conservación, de que el indio contribuyese con su cuota al almacén general. Sin embargo, los padres no permitían que esta regla se llevase tan allá, que privase a los neófitos de aquel estímulo a la industria, que sin duda existe solamente en la posesión de propiedad privada. Por eso, a cada indio se asignaba una porción de tierra para su especial cultivo…”.

Azara por su parte dice (Descripción e historia, etc.): “La corte notificó a los padres que después de siglo y medio empleados en educar a sus indios, debían estos saberse gobernar por sí y tratar con los españoles, saliendo de la sujeción del gobierno en comunidad y conociendo la propiedad privada”.

Garay habla, aunque incidentalmente, de la “organización exageradamente socialista de las Misiones”.

Cauwes, al hablar de la realización del comunismo, expresa : “Otras como las del Paraguay no han vivido más que gracias a un régimen de obediencia pasiva: los padres distribuían a los indios los alimentos como el trabajo”. Y Gide afirma : “Todas las sociedades comunistas de los Estados Unidos, salvo la de los Icarianos que no han hecho más que vegetar, son sectas religiosas, y las repúblicas de los jesuitas en el Paraguay —único gran ejemplo, en suma, que por su extensión y duración puede ser citado— constituían una verdadera teocracia”.

Necesario es distinguir dos períodos en la evolución del régimen de los bienes. El primero, en que no había asomos de propiedad privada (por parte de los indios) y el otro en que ya se atribuía a cada jefe de familia una parcela de tierra (abambaé) a fin de que cultivándola tuviese con que sustentarse. A estos dos períodos se refiere claramente Charlevoix. “‘Muchos, ‘creen— dice — que en esta república nadie poseía nada en propiedad Pudo haber sido esto cierto en un comienzo. Pero… se ha distribuido a cada familia una porción de terreno que puede proporcionarle lo necesario…”.

El primero de estos períodos es el más característico y será también él que yo trate con preferencia.

Si se considera la vida promiscuitaria que se llevaba en las Misiones y la universalidad del trabajo en ellas reinante, está bien aplicado el término, desde que puede significar vida en comjún.

Pero la universalidad del trabajo —y mucho menos la simple vida en común, bajo un régimen especial de disciplina— no es toda la característica de un verdadero sistema comunista. Nociones hay como la comunidad de la riqueza, que constituyen la nota saliente de esta escuela económica.

Ahora bien, ¿a quién pertenecían los bienes y sus productos? ¿Cómo se hacía el reparto?

En realidad, la Compañía era la gran propietaria. “Todas las cosas —escribe el doctor Báez— eran de la Compañía, la cual velaba este fraude piadoso con el nombre de tupambaé, o propiedad de Dios”.

El indio estaba sometido a un régimen de verdadera servidumbre. ¿Qué mucho que más tarde se le dieran tierras para que las cultivase para sí, estando sujeto a una disciplina rígida que señalaba de antemano el radio de su acción y el destino del fruto de su actividad? Era en verdad nada más que un instrumento de producción al servicio de la compañía. La orden retribuía su trabajo, es cierto, dándole alimento, vestuario y vivienda, pero el hecho que marca el carácter específico del sistema es que el remanente de lo que se consumía ingresaba en las arcas de la compañía allende el mar. No puede darse nada más contradictorio con el comunismo.

En el segundo período, la compañía continuó siendo la propietaria, la suprema dispensadora. En realidad, el indio no tenia, bajo el velo de la propiedad privada sino el usufructo de las tierras que se le concedían para el cultivo. Pero ya fuera un usufructo, ya el dominio, la verdad es que el sistema iba acercándose cada vez más al individualismo.[3]

Luego en el libro “El Comunismo de las Misiones de la Compañia de Jesús en el Paraguay”, leemos:

La organización que los jesuítas dieron á sus doctrinas ó pueblos fué completamente uniforme, por manera que no sólo presentaban todos el mismo aspecto, igual ordenación de las casas, idéntico estilo en la construcción de éstas, sino que también se llevaba en ellas la misma vida, cuidadosamente regulada de antemano, y en la que marchaba todo en tanta conformidad con lo establecido, que semejaba aquello una gran máquina de acabadísima perfección. Lo mismo en el orden religioso que en el orden político; lo mismo en la esfera de lo económico que en la esfera de las más íntimas y sagradas relaciones de la familia, en todas partes estaba presente aquella autoridad ineludible, que todo lo reglamentaba, que lo tasaba todo; por tal manera, que así tenía el padre de familia designadas las horas en que debía dedicarse al trabajo con los suyos, como las tenía señaladas para el cumplimiento de sus demás deberes, aun de aquélíos sobre los cuales, como decía un viajero ilustre, guardan silencio los códigos más minuciosos y arbitrarios, respetándolos como á cosa exclusivamente abandonada á las inspiraciones de la conciencia.[4]

Realmente todo el libro está dedicado exclusivamente al Comunismo jesuítico en Paraguay.

[1] History of the Jesuits: Their origin, progress, doctrines and desingns.
Giovanni Battista Nicolini. London 1854. Página 303.

[2] Agregado el 23/05/2017

[3] Los Jesuitas en el Paraguay
Alberto Rojas, 1936. Páginas 21-24.

[4] El Comunismo de las Misiones de la Compañia de Jesús en el Paraguay
Blas Garay, 1897. Páginas 29-31