Israel reparte folletos para preparar a la población ante una guerra con Irán

Las autoridades de Israel han distribuido folletos por todo el país con el fin de tranquilizar pero también preparar a la población ante una posible guerra con Irán. En ellos explica a los ciudadanos que dispondrían de entre 30 segundos y tres minutos para refugiarse desde que sonasen las sirenas que alertan de un ataque aéreo hasta que se produjese el impacto de los cohetes.

El folleto, que tiene quince páginas y ha sido enviado por correo, enseña a los israelíes cómo deben preparar una sala de seguridad o un refugio para situaciones de emergencia.

En la portada del folleto aparece un sonriente Moishe Oofnik, la versión israelí del personaje de la serie de televisión infantil Barrio Sésamo conocido como Óscar el Gruñón, saliendo del cubo de basura donde vive. Dentro de la circular, Moishe Oofnik aparece más pensativo, con la cabeza apoyada en la mano bajo el texto que da las instrucciones sobre qué hacer cuando suenen las sirenas.

Las declaraciones realizadas por varios miembros de las autoridades israelíes en las últimas semanas apuntan a que Israel podría atacar pronto las instalaciones donde se desarrolla el programa nuclear iraní, el cual considera una amenaza a su existencia. Varios ministros han dicho que podrían morir hasta 500 civiles en la guerra que se desencadenaría por el ataque contra Irán.

En el documento se recomienda a los israelíes que tengan una “charla familiar” sobre cómo deben prepararse para una posible emergencia nacional. “Deben encontrar tiempo para tener esa conversación; no a la hora de comer o mientras ven la televisión. Tampoco se debe hablar después de una discusión familiar o cuando estén nerviosos por alguna otra cosa que les preocupe”, dice.

Una fuente del Ejército israelí ha señalado este lunes que el folleto forma parte de una campaña de concienciación que se realiza regularmente y también incluye consejos sobre cómo actuar si se produce un terremoto.

“Siempre hay cosas nuevas que la gente debe saber, no significa que vaya a pasar algo hoy, mañana o al día siguiente”, ha aclarado. Sin embargo, hace varias semanas, las autoridades del Estado hebreo aumentaron la distribución de máscaras de gas y otro material de protección.

El Gobierno iraní asegura que con su programa nuclear no pretende fabricar bombas y ha advertido de que responderá de forma contundente ante un eventual ataque. Israel teme que, en esa situación, grupos aliados de Teherán como el partido-milicia libanés Hezbolá o milicias palestinas de la Franja de Gaza puedan disparar cohetes contra su territorio.

Fuente: europaPress.es

Acerca de la señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu, Teresa de Calcuta

El 26 de agosto, fecha del natalicio de la madre Teresa de Calcuta, es propicio para reflexionar sobre el lado verdadero de esta carismática y mediática monja.

El escritor Martín Caparrós, muestra a una mujer que consentía el dolor humano como experiencia para la salvación. Ella nunca proporcionó ayuda médica, ni creó una clínica a pesar de los millones que le llovieron. Tampoco criticó al sistema que generaba tanta pobreza, y se opuso a los métodos anticonceptivos en un mundo donde la sobrepoblación genera hambre y pobreza.

Algo me molestó desde el principio. Llegué al moritorio de la madre Teresa de Calcuta, en Calcuta, sin mayores prejuicios, dispuesto a ver cómo era eso, pero algo me molestó. Primero fue, supongo, un cartel que decía “Hoy me voy al cielo” y, al lado, en un pizarrón, las cifras del día: “Pacientes: hombres: 49, mujeres: 41. Ingresados: 4. Muertos: 2”. En el pizarrón no existía el rubro “Egresos”. En el moritorio de la madre Teresa, su primer emprendimiento, la base de todo su desarrollo posterior, no hay espacio para curaciones.

La señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu, también llamada Madre Teresa de Calcuta, consiguió en sus últimos veinticinco años una fama y un apoyo internacional extraordinarios. Le llovieron medallas, donaciones, premios, subvenciones, todo tipo de dinero para que ayudara a los pobres del mundo. La señorita Bojaxhiu nunca hizo públicas las cuentas de su orden pero se sabe, porque ella se jactó de eso muchas veces, que fundó, con ese dinero, alrededor de quinientos conventos en cien países. Pero no fundó una clínica en Calcuta.

Hay un par de ideas fuertes detrás de todo eso. Sobre todo, la idea de que la vida —ellos dirían “esta vida”, como si hubiera muchas— es un camino hacia otra, mejor, más cerca del Señor: si no fuera así, a nadie se le ocurriría dedicarse a que esa gente muriera mejor y, quizás, en cambio, pensarían en mejorar sus vidas. Y la idea de que el sufrimiento de los pobres es un don de Dios: “Hay algo muy bello en ver a los pobres aceptar su suerte, sufrirla como la pasión de Jesucristo —dijo la madre Teresa—. El mundo gana con su sufrimiento”.

Por eso, quizás, la religiosa les pedía a los afectados por el famoso desastre ecológico de la fábrica Union Carbide, en el Bhopal indio, que “olvidaran y perdonaran” en vez de reclamar indemnizaciones. Por eso, quizás, la religiosa fue a Haití en 1981 para recibir la Legión de Honor de manos de Baby Doc Duvalier —que le donó bastante plata— y explicar que el tirano “amaba a los pobres y era adorado por ellos”. Por eso, quizás, la religiosa fue a Tirana a poner una corona de flores en el monumento de Enver Hoxha, el líder estalinista del país más represivo y pobre de Europa.

Pero quizá no fue por eso que salió a defender a Charles Keating. Keating era un buen amigo de los Reagan —que recibió a la religiosa más de una vez— y uno de los mayores estafadores de la historia financiera norteamericana: el fulano que se robó, por medio de una serie de maniobras bancarias, 252 millones de dólares de pequeños ahorristas. Keating le había donado a la religiosa 1.250.000 dólares y le solía prestar su avión privado. Cuando lo juzgaron, la religiosa mandó una carta pidiendo la clemencia del tribunal para “un hombre que ha hecho mucho por los pobres”. Fue enternecedor. Pero cuando el fiscal le pidió que devolviera la plata que Keating le había dado —robada a los pequeños ahorristas—, la religiosa no se dignó contestar nada.

En el moritorio de Calcuta, la sala de los hombres tiene quince metros de largo por diez de ancho. Las paredes están pintadas de blanco y hay carteles con rezos, vírgenes en estantes, crucifijos y una foto de la señorita también llamada madre con el papa Wojtyla. “Hagamos que la iglesia esté presente en el mundo de hoy”, dice la leyenda.

En la sala hay dos tarimas de material con mosaicos baratos, que ocupan los dos lados largos: sobre cada tarima, quince catres; en el suelo, entre ambas, otros veinte. Los catres tienen colchonetas celestes, de plástico celeste, y una almohada de tela azul oscuro; no tienen sábanas. Sobre cada catre, un cuerpo flaco espera que le llegue la muerte.

El moritorio de la madre Teresa está al lado del templo de Khali y sirve para morirse más tranquilo, dentro de lo que cabe. La madre Teresa lo fundó en 1951, cuando un comerciante musulmán le vendió el caserón por muy poco dinero porque la admiraba y dijo que tenía que devolverle a dios un poco de lo que dios le había dado. Desde entonces, los voluntarios recogen en la calle moribundos y los traen a los catres celestes, los limpian y los disponen para una muerte arregladita.

—Los de las tarimas están un poco mejor y puede que alguno se salve.

Me dice Mike, un inglés de 30 con colita, tipo bastante freakie, que se empeña en hablarme en mal francés.

—Los de abajo son los que no van a durar; cuanto más cerca de la puerta, peor están.

En la sala se oyen lamentos pero tampoco tantos. Un chico —quizás sea un chico, quizás tenga 13 ó 35— casi sin carne sobre los huesos y una bruta herida en la cabeza grita Babu, Babu. Richard, grande como dos roperos, rubio, media americana, maneras de cura párroco en Milwaukee, comprensivo pero severo, le da unos golpecitos en la espalda. Después le lleva un vaso de lata con agua a un viejo que está al lado de la puerta. El viejo está inmóvil y la cabeza le cuelga por detrás del catre. Richard se la acomoda y el viejo repta con esfuerzo para que le cuelgue otra vez.

—Este está muy mal. Entró ayer y lo llevamos al hospital pero no lo aceptaron.

—¿Por qué?

—Por dinero.

—¿Los hospitales no son públicos?

—En los hospitales públicos te dan cama para dentro de cuatro meses. No sirve para nada. Nosotros tenemos una cuota de camas en un hospital privado cristiano, pero ahora las tenemos todas ocupadas, así que cuando fuimos nos dijeron que no. Acá no estamos en América; acá hay gente que se muere porque no hay cómo atenderla.

Richard me cuenta sobre uno que entró hace un mes con una fractura en la pierna: no lo pudieron atender y se murió de la infección. Y está dispuesto a seguir con más casos. Parece que acá no es tan raro que alguien se muera antes de los últimos esfuerzos.

—No podemos curarlos. No somos médicos. Tenemos un médico que viene dos veces por semana, pero tampoco tenemos equipos ni ciertos remedios. Lo que hacemos es confortarlos, cuidarlos, darles afecto, ofrecerles que se mueran dignamente.

Hay algo que me suena raro en todo esto. Richard le acaricia la cabeza al que insiste en colgarla; más allá, Mike le sostiene la mano a uno con un vendaje que le atraviesa el pecho. Los acompañan: no tienen un idioma común así que no pueden hablarse, o quizás no ganarían nada con hablarse. Richard va a buscar una sábana para tapar al viejo de cabeza colgante. Hace solo 35 grados y el viejo tiene frío. En Chicago, Richard estudia Medicina, pero ahora dice que no sabe si va a poder volver a soportar aquello. Y dice que tampoco podría soportar esto todo el tiempo, pero que no soportaría ser doctor y no atender a estos tipos. A veces llega un punto en que soportar es muy difícil. Richard es un Clark Kent buenazo con mentón imponente y es muy católico, familia de irlandeses, y dice que dios le va a decir qué hacer.

—O sea que no hay ninguna posibilidad de que lo atienda un médico.

—No.

-¿Y entonces?

—Y entonces se va a morir hoy o mañana.

Richard lo dice como quien dice: llueve. O incluso: quizás llueva. Debe ser difícil pronunciarlo así.

La señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu, también llamada Madre Teresa de Calcuta, nunca se privó de dar sus opiniones. En Irlanda, por ejemplo, en 1995, un referéndum sobre el divorcio encendía pasiones. Irlanda era el último país de Europa sin divorcio, y los márgenes se anunciaban estrechos. Entonces la religiosa —que no tenía nada que ver con Irlanda— participó de la campaña pidiendo el voto en contra. Los divorcistas ganaron con el 50,3 por ciento. Pocos meses después, su nueva amiga, lady Diana Spencer, se divorció, y una periodista le preguntó qué opinaba. La señorita no tenía problemas: “Está bien que ese matrimonio se haya terminado, porque nadie era realmente feliz”, dijo.

La señorita sabía aprovechar el halo de santidad que la rodeaba: los santos pueden decir lo que quieran, donde y cuando quieran. Todo está justificado por el halo. Y ella usaba esa bula para llevar adelante su campaña mayor: la lucha contra el aborto y la contracepción. Lo dijo muy claro en Estocolmo, 1979, mientras recibía el Premio Nobel de la Paz: “El aborto es la principal amenaza para la paz mundial”. Y, para no dejar dudas: “La contracepción y el aborto son moralmente equivalentes”.

En septiembre de 1996, el Congreso norteamericano le dio el título de ciudadana honoraria. Era la quinta persona en la historia que la conseguía. Dos años antes había organizado, en ese mismo recinto, una “plegaria nacional” ante Clinton, Gore y compañía. Ese día, su discurso fue belicoso: “Los pobres pueden no tener nada para comer, pueden no tener una casa donde vivir, pero igual pueden ser grandes personas cuando son espiritualmente ricos. Y el aborto, que sigue muchas veces a la contracepción, lleva a la gente a ser espiritualmente pobre, y esa es la peor pobreza, la más difícil de vencer”, decía la religiosa, y cientos de congresistas, muchos de los cuales no estaban en contra de la contracepción y el aborto, la aplaudían embelesados. En su Calcuta, en la India, en muchos otros países, la superpoblación es causa principal del hambre y la miseria, y sus autoridades toman todo tipo de medidas para limitarla.

“Yo creo que el mayor destructor de la paz hoy en día es el aborto, porque es una guerra contra el niño, un asesinato del niño inocente. Y si aceptamos que una madre puede asesinar a su propio hijo, ¿cómo podemos decirles a otras gentes que no se maten entre ellos? Nosotros no podemos resolver todos los problemas del mundo, pero no le traigamos el peor problema de todos, que es destruir el amor. Y eso es lo que pasa cuando le decimos a la gente que practique la contracepción y el aborto”.

Las jerarquías católicas lo dicen siempre, pero dicho por ella es mucho más eficaz. Aquella tarde, el cardenal James Hickley, arzobispo de Washington, lo explicó clarito: “Su grito de amor y su defensa de la vida nonata no son frases vacías, porque ella sirve a los que sufren, a los hambrientos y los sedientos…”. Para eso, entre otras cosas, servía la religiosa. Por eso, entre otras cosas, su proceso de beatificación vaticana fue el más rápido de la historia de una institución que no suele apresurarse —que puede tardar, por ejemplo, cuatro siglos en pedir perdón por apretar a Galileo Galilei o asesinar a Giordano Bruno y tantos otros.

Así que ahora la señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu —lo que quede de ella— debe estar en el paraíso de los beatos, un poquito más abajo del paraíso de los santos, con apenas menos felicidad eterna y menos olor a incienso y mirra y menos intimidad con su Señor pero bastante, pese a todo. La señorita fue una militante muy eficaz de una causa muy antigua: la del conservadurismo católico. Y fue, en el mejor de los casos, una versión mediática y actual del viejo modelo de la dama de caridad: aquella que se dedica a moderar los males causados por un orden que nunca cuestiona o que, en realidad, refuerza. Gracias a esos medios, al aparato de difusión de Roma, la señorita quedó instituida como gran encarnación actual del viejo mito de la bondad absoluta.

Todos —los países, los grupos de amigos, los equipos de voleibol, los grupos de tareas— necesitan tener un Bueno: un modelo, un ser impoluto, alguien que les muestre que no todo está perdido todavía. Hay Buenos de muchas clases: puede ser un cura compasivo, un salvador de ballenas, un anciano ex cualquier cosa, un perro, un médico abnegado, un pederasta con buena verba en púlpito: en algo hay que creer. El Bueno es indispensable, una condición de la existencia. Y el mundo se las arregla para ir buscando Buenos, entronizarlos, exprimirlos todo lo posible. Así que, pese a que algunos intentamos contar un poco de su historia, nadie lo escucha: es mejor y más cómodo seguir pensando que la señorita era más buena que Lassie. La señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu, también llamada Teresa de Calcuta, consiguió ser la Buena Universal. Y consiguió, incluso, lo más difícil que puede conseguir una persona, un personaje: entrar en el lenguaje como síntesis o símbolo de algo. Decimos un Quijote cuando queremos hablar de un héroe destartaladamente franco; decimos un Craso cuando tratamos de definir a alguien riquísimo; decimos —desde hace unos años empezamos a decir— una madre Teresa cuando queremos significar que alguien es realmente bueno. Y así ha quedado registrada en nuestra cultura la señorita también llamada madre, amiga de tiranos y estafadores, militante de lo más reaccionario, facilitadora de la muerte.

Fuente: blog-sin-dioses.blogspot.com

Israel desplegará “la fuerza mortal del Ejército” si se ve amenazado

El jefe del Estado Mayor de Israel, Benny Gantz, ha afirmado este miércoles que “todo aquél que piense que puede eliminar a Israel o intentar dañar al Estado descubrirá la fuerza mortal del Ejército israelí”, en lo que parece ser una respuesta a las últimas declaraciones vertidas por el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, y por el presidente del país, Mahmud Ahmadineyad, contra el Estado hebreo.

“En los últimos días hemos escuchado amenazas directas contra la seguridad de Israel y la seguridad de sus ciudadanos. Estas amenazas muestran un error de cálculo sobre nuestras fuerzas y capacidades”, ha agregado, según ha informado el diario israelí ‘The Jerusalem Post’.

El jueves, Jamenei afirmó que “el superfluo y falso régimen sionista –en referencia a Israel– desaparecerá de la geografía mundial y esa tierra islámica retornará a la nación palestina” durante un encuentro con cientos de veteranos de la guerra que enfrentó a Irak e Irán entre 1980 y 1988.

Asimismo, describió la creación del Estado de Israel como “la raíz del mal” en Oriente Próximo. “Si esta conspiración no hubiera tenido lugar, las guerras, divisiones e intervenciones colonialistas no hubieran tenido lugar”, valoró, tal y como informó la agencia de noticias iraní Mehr.

Por su parte, Ahmadineyad indicó el viernes que no hay lugar para Israel en el futuro de Oriente Próximo. “¿Queréis un nuevo Oriente Próximo? Nosotros también, pero en el nuevo Oriente Próximo no habrá rastros de presencia americana ni sionista”, ha declarado en un evento televisivo en la universidad de Teherán.

“Salvar la existencia del régimen sionista (Israel) es un compromiso conjunto de los gobiernos occidentales más arrogantes”, ha asegurado Ahmadineyad. Entre gritos de “muerte a América, muerte a Israel” por parte de los manifestantes, el presidente ha hecho una llamada a la unidad de los musulmanes para conseguir que los países occidentales no defiendan a Israel, al cual se ha referido como “tumor cancerígeno”.

Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Ali Akbar Salehi, ha señalado este mismo miércoles que las amenazas por parte del Gobierno de Israel sobre un inminente ataque contra las instalaciones nucleares iraníes suponen en realidad actos de “propaganda” más que una amenaza real.

europaPress.es

Conmemoran Día de la Biblia

El 11 de agosto miembros de la Iglesia Presbiteriana de Retalhuleu celebraron el Día de la Biblia con un desfile donde participaron 25 carrozas y grupos de jóvenes que representaron pasajes de las Sagradas Escrituras, tanto del Nuevo como el Antiguo Testamento.

La camina, que también contó con la participación de bandas escolares de diferentes centros educativos, inicio a eso de las 9:30 horas en la calzada Las Palmas y luego recorrió varias calles y avenidas de la cabecera departamental. Finalizó con actos religiosos y predicaciones en el teatro Ramón Serra Guinac de la zona 4.

Jorge Canales explicó que la Biblia es uno de los libros más vendidos del planeta y ha sido traducido a más de mil doscientos idiomas. “Creemos que hay que darle honor debido a que en él hay mucha historia de la humanidad”, comentó.